viernes, febrero 21, 2020

Mis momentos tristes

Desde hace días, una inquietud no me deja tranquila. Siento y creo que a nombre de la ignorancia cometemos muchas injusticias, injusticias que en el momento no le damos ni le vemos la mayor importancia.

Siento que como seres humanos nos hemos vuelto superficiales y vanos, superficiales porque solo nos importan nuestros intereses y ya no nos preocupamos por los de los demás, vamos porque ya estamos vacíos de todo y muy de manera especial del cerebro.

En estos tiempos ya no valoramos nada, le hemos perdido el respeto hasta a las personas que nos dieron la vida, junto con aquellas que nos vieron crecer.

Ya no celebramos los triunfos ajenos, mas sin en cambio, parece que odiamos todo lo bueno que les sucede a los demás, sin importarnos si es familia o no.

A muchos nos encanta escupir veneno como cierta clase de víboras, claro esto de manera literal refiriéndose a cómo nos expresamos de las personas o como les inventamos chismes y vidas imaginarias, haciendo eso no nos importa dañar familias completas ni mucho menos destruir matrimonios; pero, porque no pensamos en que el mismo daño que ahora causamos, en un futuro volverá a nosotros pero con mayor fuerza y en más cantidad?

Lamentablemente es ley, y si en nuestra maldad e ignorancia quebrantamos esa ley pues no creo que tengamos un premio, o ustedes que creen?

Empecemos a alegrarnos por los logros y triunfos de los demás, a sentir una verdadera y sana admiración por todos aquellos que se levantan dia con dia a luchar por ser mejores en todos los ámbitos, seamos agradecidos con Dios y la vida por permitirnos estar rodeados de personas sanas y emprendedoras.

Seamos agradecidos porque esas personas, soñadoras, trabajadoras, emprendedoras, amables y honradas, simplemente nos están mostrando el camino a seguir, ese camino que por ignorancia, envidia y maldad hemos perdido.




Hoy confieso que he pecado de pensamiento y obra, que no he perdonado las ofensas como quizá a mí sí me han perdonado.

Confieso que he sentido rabia y dolor de saberme y sentirme sin amor, de darme cuenta que no a existido alguien que me muestre como es el amor verdadero y la felicidad pura.


Hoy mi corazón ya no aguanta más y confiesa ante el prójimo el rencor guardado por un tiempo, otro tiempo y hasta ahora,


Confieso no sentir el amor en su totalidad en mi infancia, juventud ni ahora que soy adulta, anhelo sentir una caricia de amor de mis padres y un abrazo caluroso de mis hermanos, un beso lleno de amor y ternura de quien está a mi lado, me abstengo de hablar del amor de mis hijos pues él está ahí.


Hoy confieso que el rencor que siento he pensado llevarlo hasta mi último día, hasta ese día en el que deba cerrar mis ojos para siempre y que he pensado mucho más allá de esos momentos.


Pienso en causar dolor sin remordimientos por no haberme sentido amada por aquellos que a mi lado estuvieron.


Sí, sé que mi egoísmo es muy grande pues el verdadero amor todo lo perdona, pero ¿y cual amor?

Si yo no tuve amor ¿que clase de amor puedo yo sentir o dar?

Hoy confieso ante Dios todopoderoso y ante mi prójimo que el amor siempre estuvo ausente de mi vida y que como tal yo no puedo sentir ni dar algo que nunca estuvo en mi corazón.

Me confieso culpable de mis malos sentimientos y así mismo pido perdón.


Patricia Rocher.



Voy por esta vida con mis recuerdos a cuestas, con tanta tristeza en el alma y con mucho resentimiento en mi corazón, no he podido desprenderme de nada, ni he vivido mi presente por estar viviendo en el ayer.

Voy caminando por la vida lacerando mis heridas, pues no he encontrado la manera de sanar; todo me duele, todo me ofende, todo aquello por lo que cualquiera se siente feliz me provoca tristeza y dolor.

Me duele no haberme sentido amada, no haber tenido un abrazo y un te quiero de quien me dio la vida.

¿Madre, porque se te olvido amarme? ¿porque olvidaste estar conmigo? ¿porque se te olvido que yo te necesitaba? ¿porque cuando muchos hablan de un inmenso amor yo no puedo hacerlo? ¿porque todo mundo habla de respeto y veneración hacia su madre yo no puedo hacerlo? ¿Como se puede vivir llevando esta carga de recuerdos a cuestas?

Voy por esta vida con mis recuerdos, mi tristeza y mi resentimiento, pues no he podido desprenderme de nada, sin poder vivir de mi presente y por vivir del ayer.
Voy caminando y preguntando ¿Se puede amar a quien demostró indiferencia y desapego?
Otras veces me pregunto y me reprendo al mismo tiempo pues ¿quién soy yo para juzgar a quien me dio la vida? pero y entonces ¿como hago para demostrar amor a mis hijos? ¿Como hago? ¡si me falto el ejemplo!

Una verdadera madre protege y ama por instinto, pues cuando nos nace un hijo no llega con instrucciones de cómo amarlo, de esa manera protegi y he amado a mis propios hijos,
los he amado con un amor que libera, un amor que más que de palabras es de ejemplo,
que más que de sobreprotección es guiar, es mostrarles maneras de afrontar la vida con todo lo que se les presente, es ayudarles, no, a hacer todo por ellos.

Madre ¿que nos faltó? (prh)


-Y cuando él dio la vuelta y se marchó, ella supo que su vida jamás volvería a ser la misma,

 lo supo desde el primer instante en que se vieron por primera vez; supo que su corazón jamás volvería a latir de esa manera y eso seria hasta sus últimos días. 

Hoy su recuerdo llega a ella como nostalgias y quimeras, en forma de suspiros y pensamientos, en forma de recuerdos, de sonrisas y de esas ganas de que el jamas hubiera partido.-(prh)

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